jueves, 25 de mayo de 2017




Mi amigo Miguel Ángel,  no estaba convencido. Pasa a veces que nos sale una espiritualidad que no encaja con nuestras cosas, nuestra lógica, situaciones, estilos de vida… Su autoexigencia era máxima y su frustración por no alcanzar la perfección, también.
Amamantado por una madre que no era la suya, tirando de una familia con la que no se sentía correspondido, despreciado por un padre que no consideraba honroso ser escultor.
Sus principios, el trabajo, la belleza, la escultura, los sueños… su vida el Renacimiento, su mundo la Iglesia más poderosa que le dio tanta gloria como le arrebató.
Ante sí, la gran tumba de Julio II, más de cuarenta piezas de mármol de gran tamaño… el sueño.
Cancelado por los gastos en guerras del Papa… el conflicto.
Propuesta sin posibilidad de rechazo de pintar el techo de la Sixtina… la rabia “¡yo no soy pintor!”.
Amado por amantes, hermoso Tomasso, admirada  y fiel Vittoria…

Ya con 75 años,  tal vez sintiéndose cerca de la muerte, realiza para su propia tumba una obra en la que yo le veo, a él y lo que sentía, y a mi... en cada personaje. Últimamente, se me viene a la cabeza de forma repetitiva, la observo me deleito y al margen de estudios, me planteo: ¿Jesús representa la divinidad del hombre o la humanidad de Dios? ¿Ese amor fraterno ese gesto compartido de madre e hijo, es él el hijo sin madre, o se siente más hijo que nunca? ¿Hay gratitud, añoranza, paz? ¿Cuál es la elección de Nicodemo entre, la sociedad o su corazón, su alma o su ley?




Y María Magdalena, que a mi me parece un ángel, el mismo que acompaña a Dios en la Creación de Adán de la Sixtina, esa Beatriz, amor terrenal y platónico de Dante. ¿Resignación o calma? ¿Inocencia o sabiduría?

 
 

 
El alma ya no lucha, ha sido liberada por la muerte y por eso el cuerpo cede, suave, helicoidal y no hay dolor en el rostro, salvo en quien aún no está convencido, el viejo Nicodemo, ¿o el viejo Miguel Ángel?, que a pesar de todo está en lo más alto de la pirámide que forma la figura, lo más elevado, lo más cercano al cielo.



 Pero él, no veía la belleza, ni la perfección ni el dominio de la técnica de su primera piedad. Y es posible que no haya nada de eso, pero sí hay un mucho de emoción, sentimiento y vida…

Él no estaba convencido,  así que decidió destruirla, deshacerse de ella, recibió algunos arreglos, pero sigue dañada, incompleta… ¿acaso no lo estamos todos?