sábado, 18 de noviembre de 2017

Ser lo que se es




Es el alivio más grande que se puede alcanzar.

Cuando llegamos a este mundo, lo hacemos ya afectados  por las consecuencias de la vivencia del embarazo y el impactante  trance del parto.  Un reto que supone desprenderse de la inexistencia de necesidades (ya que se satisfacen espontáneamente), de  abandonar una situación de placer pleno de unidad con el “todo”,  para vivir el desafío que de iniciar la individualidad.

Cada experiencia y, especialmente la manera de afrontarla, forjará nuestro carácter, nos irá definiendo como las personas que creemos ser.

Los miedos de papá y  de mamá, las reglas marcadas por el entorno, las presiones en el ambiente escolar, las expectativas de los demás, las falsas creencias inculcadas para favorecer los intereses de la sociedad...  resistir es un arte.

Las pinceladas finales que recibe una pintura al óleo son de barniz. Esta sustancia protege al cuadro y ayuda a su conservación, aunque tiene un inconveniente: con el paso del tiempo y lo que éste atrae, suele oscurecerse, oscurecerse mucho. Pero tranquilos, ¡tiene arreglo!

El niño, inocente, ingenuo, esencia, requerirá también de “barnices” que le protejan, que faciliten la pertenencia, que le reafirmen de una u otra forma para obtener la seguridad perdida al nacer: el ego.
Es valioso y necesario, pero puede oscurecernos mucho, ya que llega a generar ignorancia, falsas creencias de felicidad externa, vacío, crisis existencial...  pero, como oí de una gran maestra de 4 años, “no es un problema, sólo es desorden”. Así que,  tranquilos, ¡tiene arreglo!

La solución pasa por poner orden. Requiere interés, dedicación y tiempo, dar a cada cosa su lugar correspodiente.

Limpiarnos el barniz de ego, eliminar sus sombras, dejar salir la luz y encontrar con ella, detalles ocultos, ESENCIA, descubrir quienes realmente somos y no, quienes nos hicieron creer que éramos.

Conocerse, saber de qué está compuesto nuestro barniz, para encontrar el disolvente adecuado. Ese es el primer paso de aventurado y emocionante camino, cuyo no es otro que ser seres mejores y más felices.


*Restaurador: Philip Mould‏

miércoles, 12 de julio de 2017

Son insondables los caminos del ego...





Excéntrico, arrebatado, visceral, adultero, sadomasoquista, manipulador, acusado de asesinato, de robo, víctima de envenenamiento, pero sobre todo genio y ególatra…

Bronce, haré lo que nadie ha hecho, una gran obra, de una pieza. Tengo ayudantes inútiles, pero guapos, a ver si al menos pueden servir como modelo. Yo si lo haré.

Deberá Perseo conseguir decapitar a Medusa, deberá lograrlo para alcanzar la liberación de Andrómeda, la conciencia que está en nuestras profundidades esperando ser liberada.

Medusa, seducida o violada por Poseidón, fue sometida a la ira de Atenea que la transformó en un ser monstruoso.

Valeroso pero desarmado se lanzó a la aventura suicida de vencer a la menor pero más peligrosa de las gorgonas.

Pero solo, no lo conseguirá…

Sandalias aladas, para llevarlo hasta los confines del mundo y poderosa espada para cortar las escamas de su cuello de reptil mamiferoide, escudo espejo de Atenea, para protegerse y usar el reflejo de la mirada de Medusa en él.

Así emprendió su camino en busca de las Ninfas del Norte, quienes le proporcionarían el casco de Hades con el que Perseo alcanzaría la invisibilidad, y una bolsa mágica en la que meter la cabeza de Medusa cuando hubiese acabado con ella, pues su mirada continuaría siendo fatal.

Sabiduría (el Escudo), seguridad (la Espada), invisibilidad contra el ego (Casco), pies ligeros para poder moverse discretamente (sandalias aladas), y sus atributos personales (la alforja).

Así es que Medusa fue decapitada por Perseo, Así es que el Ego es decapitado.

Es un despiadado monstruo, a la vez que una deidad protectora, procedente de los conceptos religiosos más antiguos. Su poder es tan grande que cualquiera que intentase mirarla quedaba petrificado.

Presencia de dioses, valor hasta la locura, locura hasta la cordura…

Presa de intensa fiebre por los efluvios y las llamas del taller, azotando un vendaval de lluvia ardiente, el molde, el horno, cuajado el bronce por súbito enfriamiento, asustados y despavoridos los presentes, reanimando al semimoribundo escultor… el fuego!!! más troncos, más leña, reavivad el fuego!! No hay más leña maestro… las sillas, la mesa… vamos!!! Las llamas mejorarán con el metal en fusión, vamos, la vajilla de estaño, las copas… todo…
Entre la fiebre, el delirio, el incendio y el vendaval que arrecian en aquella tremenda noche de locura artística de un genio, se oye un trueno formidable, a la vez que deslumbra la escena un relámpago cegador, el techo se hunde y brota un verdadero ''fiat lux'' (hágase la luz), la luz de aquel génesis, de esa estatua, y así, ese milagro de la voluntad crea un prodigio de alta inspiración… Perseo quedó hecho.






Rompe con la tradición clasicista de serenidad y armonía en el arte, da paso al movimiento, a la distorsión de las formas.

En la parte posterior del casco, un autorretrato del artista. ¿Alguna duda sobre su ego y todo lo relacionado con esta obra?





Rompe con la tradición, da paso al movimiento, distorsiona las formas, domina tu ego.

jueves, 25 de mayo de 2017




Mi amigo Miguel Ángel,  no estaba convencido. Pasa a veces que nos sale una espiritualidad que no encaja con nuestras cosas, nuestra lógica, situaciones, estilos de vida… Su autoexigencia era máxima y su frustración por no alcanzar la perfección, también.
Amamantado por una madre que no era la suya, tirando de una familia con la que no se sentía correspondido, despreciado por un padre que no consideraba honroso ser escultor.
Sus principios, el trabajo, la belleza, la escultura, los sueños… su vida el Renacimiento, su mundo la Iglesia más poderosa que le dio tanta gloria como le arrebató.
Ante sí, la gran tumba de Julio II, más de cuarenta piezas de mármol de gran tamaño… el sueño.
Cancelado por los gastos en guerras del Papa… el conflicto.
Propuesta sin posibilidad de rechazo de pintar el techo de la Sixtina… la rabia “¡yo no soy pintor!”.
Amado por amantes, hermoso Tomasso, admirada  y fiel Vittoria…

Ya con 75 años,  tal vez sintiéndose cerca de la muerte, realiza para su propia tumba una obra en la que yo le veo, a él y lo que sentía, y a mi... en cada personaje. Últimamente, se me viene a la cabeza de forma repetitiva, la observo me deleito y al margen de estudios, me planteo: ¿Jesús representa la divinidad del hombre o la humanidad de Dios? ¿Ese amor fraterno ese gesto compartido de madre e hijo, es él el hijo sin madre, o se siente más hijo que nunca? ¿Hay gratitud, añoranza, paz? ¿Cuál es la elección de Nicodemo entre, la sociedad o su corazón, su alma o su ley?




Y María Magdalena, que a mi me parece un ángel, el mismo que acompaña a Dios en la Creación de Adán de la Sixtina, esa Beatriz, amor terrenal y platónico de Dante. ¿Resignación o calma? ¿Inocencia o sabiduría?

 
 

 
El alma ya no lucha, ha sido liberada por la muerte y por eso el cuerpo cede, suave, helicoidal y no hay dolor en el rostro, salvo en quien aún no está convencido, el viejo Nicodemo, ¿o el viejo Miguel Ángel?, que a pesar de todo está en lo más alto de la pirámide que forma la figura, lo más elevado, lo más cercano al cielo.



 Pero él, no veía la belleza, ni la perfección ni el dominio de la técnica de su primera piedad. Y es posible que no haya nada de eso, pero sí hay un mucho de emoción, sentimiento y vida…

Él no estaba convencido,  así que decidió destruirla, deshacerse de ella, recibió algunos arreglos, pero sigue dañada, incompleta… ¿acaso no lo estamos todos?