lunes, 29 de marzo de 2010

Conversaciones










- Y a tí, ¿Qué te sucede exactamente? preguntó el fantasma.


* Bueno… dicen que tengo desórdenes. Pero no pienso escuchar a quien no opine como yo.


- Pues te escucharé yo a ti. A ver… yo entiendo bastante de comportamientos maníacos o paranoides, depresiones múltiples, complejos de inferioridad, desvaríos en el comportamiento. Realmente, no hay otro como yo…cuéntame y te explicaré qué te pasa…


* Yo creo que soy más que los demás, pero es que, ciertamente, el resto del mundo me parece vulgar, en todo. No entiendo, por ejemplo, qué mérito tiene ganar con esfuerzo. Me parece mucho más “honroso” hacerlo defraudando, porque, ganarlo trabajando, no tiene nada de distinguido, y está al alcance de cualquiera.

Pero de la otra manera, pasas por encima de los demás!!


Cuando alguien consigue algo de manera transparente, me retuerzo por dentro y si además recibe el reconocimiento del resto, eso, me puede hasta el punto de intentar ensuciarlo por encima de todo.


- Yay tiendes a ver situaciones que no existen o imaginarlas de una forma que sólo tú terminas creyéndolas, y las empleas para hacer daño, manipulando sentimientos, personas y situaciones de cualquier tipo y a cualquier precio...

* Sí. Pero es que tengo que hacerlo, porque si no, no puedo soportar mi incapacidad. No puedo… así que tengo que transformar la realidad, para que sean las circunstancias las responsables de mi fracaso. Y tengo que manipular a la gente para halaguen y alimenten mi soberbia, pues de lo contrario podría darme cuenta de lo triste de mi vida y lo mísero de mi persona.


En fin… lo normal, porque eso es normal… alguien tan magnífico como yo, no puede hacer las cosas tan mal, así que la culpa tiene que ser de las circunstancias.


- Sí, sí… es perfectamente normal, para un megalómano.


* Oooh, me gustan las palabras Grandes… Siii… un Meegaalóomaanoo. Pero qué es un megalómano?

- Bueno, pues es un estado psicopático; el término se asocia a delirios de grandeza y a una obsesión compulsiva por tener el control de todo (y de todos), incluyendo emociones, relaciones de pareja, familia, trabajo y hasta en el entretenimiento.

Es una maniobra de aproximación a la realidad deseada. Una realidad ficticia que sutura grotescamente lo más prosaico a lo más disparatado, otorgando a lo segundo cariz de novela cutre.

Es un juego de espejos, entre paródico, cómico e irónico, irresoluble. Capaz de confundir solamente al ingenuo inseguro, crédulo de falsos resplandores.

Eres de los míos... Te crees protagonista de “la cosa nostra” cuando en realidad tu vida no es más que un gran guiñol de monigotes, y tú... tú dónde vas?