domingo, 13 de diciembre de 2009

qué terrible y peligroso ideal...

Ya tenemos el poder sobre el mundo en nuestras manos. Todo bajo nuestros pies lo hemos sometido; los bueyes, las cabras y las ovejas todas, y además las fieras, bichos y musarañas de los campos; las aves de los cielos y los peces de las aguas y las aguas, hasta agotar las sendas que recorren los mares…

Ya somos dueños del universo.
¡Ay, soberbios del mundo! no… no temáis por la salud de planeta, temed por la nuestra. El universo hará sin contemplaciones lo que tiene que hacer y el hombre grande y todopoderoso, miserable alimaña, encontrará su destino…

El hombre sabe qué es el universo y sabe que sólo es parte de él . Lo piensa y todo aquello que se piensa es traído a la existencia.
Por eso teme pensar, porque el pensamiento puede hacerle ver tu propia realidad y conocer sus miserias. Es menos estremecedor para el alma, pasar el tiempo sin sentirlo.

Pero la grandeza del hombre proviene de conocer su miseria. La esencia del hombre, es su pensamiento y es lo que lo hace grande y único.
Mas no la sola posesión del pensamiento, porque éste puede ser ser desaprovechado. Junto al pensamiento, se requiere practicar la caridad.
¡Ay, soberbios del mundo! vanagloriados de nuestros éxitos y autoexculpados de nuestros fracasos.

Todo es nuestro, sí, y la culpa, también. Aunque nos empeños en ver maldad en un pensamiento que trasmite caridad y creencia en los hombres de corazón limpio, sin más.
¡Qué terrible y peligroso ideal! es el de "amor a Dios y al prójimo"





“Quién te vio y te ve ahora?
¿Cuál es el corazón que no llora?
Quien te vio del Rey privado
En su casa y a su lado
Y hoy te mira condenado a una azada labradora
¿Cuál es el corazón que no llora?”