viernes, 14 de agosto de 2009

pasajera, como una tormenta de verano...

Asumo que soy pasajera en tu vida, desde el momento en que asumo que soy pasajera en la mía.

Miro las hojas llamativas movidas por el viento que las hace frescas, que las revela dinámicas, llenas de alegría y de pronto todo pasa, basta con que cese el soplo.

Miro las gotas, redefiniéndose a cada momento en el agua, en un desplazamiento milimétrico, científico y romántico, tan lleno de contenido físico como sensitivo… efímero, y que desaparece como si jamás hubiera existido.

Huelo la tierra mojada, inspirando un aire suave e intenso que me traslada a épocas de vestiditos y carreras sobre caminos encharcados, huyendo a la par que los otros niños, de esas nubes grises inofensivas, traviesas, que juguetean con nosotros amenazando lluvia, en un tronar que se mezcla con risas que enmudecen instantáneamente con un golpe de presente.

Cada detalle se hace leve, se desvanece, se aleja caminando hacia el recodo de los recuerdos. Ya sólo queda la esperanza de que no ocurra de nuevo, o la ilusión de que se repita, y permanezca en ese rincón donde se guardan acontecimientos pasados, quizás polvorientos, quizás enterrados, quizás ocultos… pero quizás para siempre.

Son las bondades y maldades de una memoria fiel y traicionera a la vez.