miércoles, 19 de marzo de 2008

soltando amarras


¡¡Soltad amarras…!!

El balandro se alejó de puerto a pesar de la previsión de mal tiempo.

La oscuras nubes se transformaron en tormenta, pero en el horizonte una poderosa luz resaltaba por encima de la borrasca.

Las luces del puerto se iban haciendo pequeñas a medida que el capitán dirigía su navío persiguiendo el haz.

Rayos, truenos y un fuerte oleaje, sacudía cada rincón del muelle, que estiraba sus espolones para observar un poquito más de cerca la ruta que seguía su barco más preciado.

Y cada rincón del muelle de inundó de agua salada que golpeaba con fuerza destruyendo las partes más frágiles, mientras su estructura intentaba resistir.

El viaje es tumultuoso, ¡pero es tan intenso!.

El capitán percibe los daños, hace balance de ellos, los considera inevitables consecuencias de un viaje apasionante en mar abierto.

Tengo miedo, se oía desde la orilla, las iras de Neptuno son peligrosas y tus movimientos pueden provocarlas. Pero el puerto ya suena lejos.

La tempestad aumenta, pero el balandro es valiente y el faro al fondo se ve tan seguro, tan lleno, tan bonito.

La tempestad aumenta y sus efectos se extienden.

Oh, capitán mi capitán, el faro se tambalea, su luz parpadea, la ruta no es segura!

La tempestad aumenta y sus efectos se extienden.

Mi Capitán, chocamos!!! el haz parece desvanecerse y el puerto... quedó atrás. Quizás demasiado atrás.

Soledad, silencio y la inmensidad alrededor.

Cuando remite el temporal, solo hay bruma y una niebla color gris opaco lo cubre todo, mientras el balandro sufre las acometidas de la resaca del mar con la fragilidad de una hoja.

El sol, oculto en este tiempo, es la esperanza.


¡Saldrá!

martes, 4 de marzo de 2008

sinking


El pelo mojado me va goteando por el cuello, estoy perdida. Mis pies descalzos se hunden en el barro que va alcanzando mi lánguido vestido largo, dorado, que se aferra a cada curva de mi cuerpo por efecto de la humedad.

No tengo frío, a pesar de que mis hombros solo los cubre un tirante fino y un escalofrío me sacude desde mis tobillos a mi pecho, erizando cada rincón de mi piel.

No sé dónde estoy, todo es espeso, con árboles inmensos que impiden entrar el sol, se aprecia allá, muy arriba, tan lejano que ni siquiera sé si es de día.

De entre los árboles, surge una silueta que se acerca, lentamente.
La niebla no me permite distinguir bien, solo veo algo negro de movimientos suaves, que avanza sin caminar.
Y oigo esa música. Otra vez esa música. No soy capaz de reconocer si suena fuera o dentro de mi cabeza.
Continúa acercándose al ritmo de esa música y ya está a unos centímetros. Pero sigo sin poder diferenciaar rasgo alguno detrás de su atuendo negro.

No tengo miedo.

Se sigue acercando hasta llegar a dos milímetros de mi, pasea cerca de mi cuerpo, sin rozarlo, pero con la excitante sensación de que puede llegar el contacto en cualquier momento. He dejado de notar el barro bajo mis pies, estoy suspendida en el aire, en el vacío. Es muy placentero.


Me ralentizo,
igual que los años pasan
me voy hundiendo y
Así que uso el mismo truco
que todo el mundo,
ocultar los secretos.
Giran dentro de mí
me hacen más débil
Así que yo uso el mismo truco que todo el mundo
agacharme en el miedo y esperar
ya nunca se siente de nuevo
Si sólo pudiera recordar nada en absoluto

La música cesa, reacciono… voy conduciendo por el camino de siempre, todo me es familiar. La curva, el instituto, la rotonda, aquella casa en ruinas… pero en una de sus ventanas una figura de negro me hace señales, me invita a seguirle...

Música: Sinking. The Cure.