lunes, 25 de febrero de 2008

sola

Hay una batalla. El corazón lucha contra la razón y, me doy cuenta de que mi corazón es mucho más poderoso. No necesita razones, traslada el sentimiento a todo mi cuerpo sin atender a nada de lo que pueda llegar del pensamiento.

Éste lo intenta, le repite una y otra vez lo injustificado del sentimiento, pero sin éxito.

Mi cerebro no puede decidir el ritmo del corazón y éste pone
ritmo a mi ánimo, a mi cuerpo y a mi vida.

Me cuestiono las decisiones, atiendo a ambos y quizás
obedezca a mi cabeza pero no sin temer los resultados, no sin lamentar desafiar la presión de mi pecho y la dirección de mis suspiros.

Es una lucha obligada, estar vivo, es pensar y sentir a la vez. Miles de ideas e imágenes pasan por mi cabeza, unas me atormentan y otras me relajan; no cesan.

Las noto intentando salir de ella, derramarse por mi cuerpo. Es mejor no resistirse. Las dejo fluir, me agota pero entre ellas, de repente una frase, una palabra, una imagen sin sentido, desubicada, sin relación con ninguna de las múltiples muescas de mi cabeza, me hace abrir los ojos a una realidad diferente, donde el silencio y la serenidad son absolutos y la paz también.


Ya no me importa.

Ha llegado el segundo siguiente
al estruendo y la sacudida. Vuelve el equilibrio.


Consigo convencerme de que no siento nada, contener el dolor; pero no puedo contener las lágrimas que, aunque no recorren mis mejillas, inundan de tristeza a mis ojos, espejo de mi alma.

No importa.




...

sábado, 16 de febrero de 2008

Pasar por la vida sin molestar.

Será anónimo para la historia e incluso para generaciones próximas en distancia y tiempo, pero debería tomarse como referente para los hombres, por tratarse de alguien tan sencillo y tan complejo como para ser “una buena persona”.

Como cuando te explican a través de sensaciones lo que supone un color, un sabor, un lugar, un gesto… así me explicaron a mi como era esa persona y cuando la conocí, no necesité más tiempo; mis ojos, mi paladar, mi mirada, mis manos… notaron como encajaba todo e incluso se completaban elementos que hacían de ella alguien grande.

Todo lo grande que se es, si tu prioridad en vida es el amor. A su pueblo, a la propia vida, a las mujeres (sobretodo a la suya) y a enseñar con su actitud valores como honestidad, educación, elegancia, cultura, respeto, buen humor… de todas ellas me estoy aprovechando yo y por eso lamento tanto su pérdida. Es demasiado lo que tengo que agradecerle. Porque parte del mucho amor que a mi me llega, es el fruto de lo que él sembró.

Tal y como quería, pasó por la vida sin molestar, hasta el último momento.

Nunca los sabores, todos, sin discriminación, fueron tan alabados.
Yunquera vino a despedirle y una comitiva de 4L también.
Balandros, pinsapos, rojos y gualdas, niños, olas del mar, su mar, Yeye, su yeye… hoy son vistos desde arriba.

Quizás ahora desde donde esté, pueda darse cuenta de lo grande que fue, de todo lo que hizo, de lo mucho que dio. Y sentirse satisfecho de haber pasado por la vida sin molestar y orgulloso de ese Hombre en el que se ha convertido aquel niño que modeló a base de cariño y sonrisas.

Y que ahora desprende la ternura que llena mi vida. Por todo eso, lamento tanto su muerte.



Pero hoy, ha pasado de estar en lugar determinado a estar en todos.

sábado, 9 de febrero de 2008

me gusta esta imagen porque...

La Anunciación. Simone Martini.

Todo el retablo en su conjunto es como una preciosa obra de orfebrería. Cada rincón está hábil y elegantemente ocupado por elementos curvos, de líneas suaves, graciosas, ligeras.
De un lado, el arcángel, la rama de olivo, las palomas representando el Espíritu Santo. Esa parte de la escena, de colores claros, ropajes que se mueven, líneas ascendentes que trasmiten alborozo nos van trasportando al otro lado. En la Virgen, la imagen es sencilla y oscura. El valor de María está oculto, es virtud.

Puede parecer una imagen plana, pero es intensa y profunda. Claramente el jarrón está, al fondo de los protagonistas, no entre ellos, no tapando al uno del otro. Claramente, el libro de María tiene volumen.

Esa Virgen María, que no puedo dejar de mirar. Ese gesto de humildad y miedo que le hace apartarse y protegerse; y que a la vez es de valentía y le hace volverse y escuchar con resignación el mensaje escrito para ella: "Ave María, grattia plena". Simone Martini