lunes, 28 de enero de 2008

recuerdo

Ropa, varias mudas, un par mantas, unos cuantos melones. Cuerdas, arneses, patines de varios números. Eran las cosas habituales en el maletero de su coche.

Vino a recogernos como un día cualquiera, pero con él todo era genuino y distinto cada vez. Nunca supe si lo planeaba o las cosas que hacíamos se el ocurrían de manera espontánea.

Cogimos el coche y salimos del pueblo por el bacheado y polvoriento camino del río. Era un camino que conocíamos de sobra los tres, habíamos jugado y crecido con sus hoyos; lo habíamos recorrido tantas veces, en todas épocas del año, con mil edades diferentes, andando o en bicicleta, en una cosechadora o en un carro, a caballo o en aquella moto del ejército alemán.

Ahora cada recuerdo de cada vez, sacude mis sentidos. Porque cada uno tiene una temperatura, una intensidad de sol, un olor y un color diferentes. Oigo los grillos en la noche y las chicharras de agosto, musicando de fondo el sonido de mis pasos sobre la tierra.

Retomamos la carretera. Ese día todo parecía más común de lo habitual. De Fuente Vaqueros a Valderrubio, pasada la Casa Real Pero se salió de la carretera, tomo un camino angosto, estrecho de plena vega, de esos que más que un camino son dos veredas que guían las ruedas de los coches, siguiendo el recorrido marcado por el instinto animal, en épocas de bueyes y mulos no hace mucho tiempo. Entre las ruedas, la hierba; a los lados, la hierba. Alta, descuidada, libre.

No lo conocíamos pero, como otras ocasiones, nos dejamos llevar por él.

Ella bajó la ventanilla y se echó sobre la puerta dejando caer el brazo suavemente hacía afuera y sus dedos se cruzaban con la hierba, se acariciaban mutuamente. Verde que te quiero verde, sonaba en el viejo radiocasete de aquel clásico escarabajo negro.


Tuvimos que parar para continuar a pie y después de choperas y juncos, carreras y risas, llegamos a un pequeño río. Un escueto puente de tablas disparejas allá arriba, trozos de troncos, algunas piedras y ranas saltarinas en poco más de medio metro de agua. Recuerdo un pequeño río cristalino y trovador.

De pronto cogió una vara, larga, delgada. Pensé que iba a juguetear con el agua pero la verdad es que creo que las dos estábamos expectantes por conocer su nueva ocurrencia.

Se alejó ligeramente y luego, imitado el movimiento de un jinete, con lanza bajo el brazo cual hidalgo D. Quijote, saltó al agua:

“princesa, princesa, mi princesa Moncecilla… sube a mi caballo…”

Gritaba mientras nos miraba, salpicándonos de agua a “la princesa” y a mi.

Continuamos, el jinete y su princesa por el agua y yo por la orilla. Cantábamos a Camarón cuando a lo lejos vimos la casita. Y él dijo solemne, casi susurrando, bajando de su fingido caballo: hemos llegado.

No era una casa, era una choza; hecha por manos viejas, con palos viejos, con colores de nostalgia y olor de antaño. Nos mantuvimos en la distancia para no molestar, en ella, había hombres viejos, navegando en su pasado, lamentándose del que fue y de que se fue. Recordando sus vidas, entre poesía y poesía. No hay que esconderse, pero ellos, querían que fuera un secreto, una idea romántica y entrañable para unos cuantos ancianos nostálgicos. Ni siquiera sus familias sabían de su periódica cita. Ya no hay que esconderse pero Lorca en la intimidad, entre ellos, en su vega y en su río, está más vivo. Está en una forma, inmaterial, y no se irá ya más. Regresó así a su tierra, la que le vio nacer y le sintió morir.

Esa tierra que es la mía y en la que gastaron sus vidas tantas personas a las que querré siempre.



Gracias, Miguelón, por todo que me enseñaste y por los colores.

miércoles, 23 de enero de 2008

personalidad

Unido a nosotros hasta el fin. Se pueden modificar acciones pero nuestro carácter y personalidad impregnan, irremediablemente, lo que nos rodea y nuestras obras nos delatan.


Abierto, libre, espacioso. Cuando un amigo suyo lo vio terminado dijo que era: “un panorama de agua y lirios acuáticos, de luz y cielo. El agua y el cielo no tenían principio ni fin en esta amplitud infinita”.

Además de enorme, el techo era de cristal y la sensación de aire y cantidad de luz que entraba en todo momento, supuso algo verdaderamente innovador en lo que en la época, era la estructura habitual para el taller de un pintor.

Era el estudio de Monet.



íntimamente relacionado con su obra:




Estudio de Tamara Lempicka:




Algunas de sus obras.



Estudio de Francis Bacon



Inocencio X. Uno de los que hizo



"Si alguien quiere descubrir algo en mí (...) puede contemplar atentamente mis pinturas y tratar de descubrir a través de ellas lo que soy y lo que quiero". Gustav Klimt.


lunes, 14 de enero de 2008

La caída de un mito

Me reconozco admiradora de la belleza y adepta de la anatomía negra. Cómo mujer examino las figuras femeninas buscando defectos y envidiando virtudes. No hay otra como ella. Para mi está tan por encima del resto, que ni siquiera se la puede envidiar. He sucumbido a Naomi Cambell durante años.

Nada que reprochar a que fuera mito erótico del hombre de mi vida. Aunque no erótico, reconozco que también ha sido un mito para mi.

Mucho se ha hablado de ella y no siempre bueno. Es bastante conocido su fogoso temperamento, sus ataques de ira y algunas de sus agresiones. Posiblemente son momentos de rabia que tenemos todos, con la diferencia de que en ella nada es ajeno al ojo público, que deforma y trasforma para hacer noticia donde realmente no la hay.

Como famosa, esas cosas no se disculpan y en parte es normal. Por supuesto, es persona por encima de personaje conocidos y por tanto no entiendo qué hay de noticia en que tenga reacciones de lo más humanas. Pero lo cierto es que ella tiene unas indiscutibles y distinguidas cualidades, que le han dado un tipo de vida que no es común a la mayoría. Parece lógico asociar que también su actitud tenga que ser distinguida.

Bueno, parafraseando a un personaje más cercano a mi pueblo andaluz “toito de lo perdono menos faltarle a… Naomi”

Cualquier crítica es aceptable si hay motivos para ello, menos faltarle a Naomi, que ella es diosa de ébano y, como diosa se le conceden licencias que a los demás pueden quedar lejanas.

Defendiéndola y justificándola reaccionaba yo, pero esto, esto no. Naomi no.

Ya sé que la prensa no es de fiar (creo que sigo disculpándola), pero hoy el mito ha caído, o mejor dicho, se ha tirado de cabeza y creo que manera irrecuperable salvo que como esposa desposada recupere su trono.

Hoy, con frases como las que he leído, pasará a ser una más. Sólo imagen y su imagen ha caído.

Ahora se me abren un montón de dudas sobre qué puede llevar a una mujer así, a enamorarse (¿?) de alguien como tar-hugo chávez. Alguien que ha vivido al ritmo que lo ha hecho ella; qué puede seducirle de alguien que propone prohibir los bañadores y escotes descocados, internet, los teléfonos celulares, la televisión por cable, Mickey Mouse, Papá Nöel (se prohibirá el uso de imágenes y artículos "de influencia transculturizadora imperialista" en todas las entidades públicas)...

¿Quién llevará regalos a los niños en Navidad? ¿Los Reyes? Jajajajaa, si uno lo mandó callar, no creo que le guste la idea de que le lleguen todos los años y de tres en tres.

En lugar de preocuparse de que los artículos que no deben llegar,
¿no debería preocuparse más de que llegaran a los ciudadanos otro tipo de artículos como leche y huevos, o de que los estudiantes no murieran tiroteados?


Ya sé, que prohíba los regalos y los estudiantes subversivos.

jueves, 10 de enero de 2008


"como si fueras un grupo grande"

Recuerdo el día que fuimos a ver un pequeño festival llamado “mestizaje” con afán de oír a algunos cantantes ya consagrados que, todo sea dicho, nos defraudaron un poco. Recuerdo especialmente, descubrir a unos chavalillos, liderados por un lánguido de inmensa camiseta blanca, al que no se le veía más que guitarra (bajo), y muchas ganas por exprimir su tiempo en el escenario y currarse el interés del público.

A nosotros nos engancharon desde la primera canción.

Salió una chica acompañando al grupo, bailando flamenco vestida de rojo, dando a entender que no pretendían sólo entretener, que aquello quería ser todo un espectáculo.

Los seguidores eran unos cuantos amigos y algunos desconocidos, como nosotros, sorprendidos por lo que aquellos novatos hacían; desde entonces los hemos seguido, admirado, publicitado y sobretodo disfrutado tantas veces como hemos podido verlos en directo.

Hoy ese grupo y ese chavalillo, tienen poco que ver con el que aquel día nos sedujo, han crecido y evolucionado mucho, ha habido grandes cambios y ha quedado gente en el camino. Pero mantienen, sin ninguna duda, el respeto al público, la pasión por lo que hacen, la capacidad de trasmitir energía pura y la garantía de ofrecerse en un espectáculo que son ellos mismos, sin más adornos.

A ellos no les afecta la piratería, porque son más de carretera y manta que de top manta.
Son como los músicos, los cómicos, o aquellos actores de antaño, protagonistas de “viaje a ninguna parte” pero, afortunadamente con más suerte.

En esas tierras frías de Europa se les mira bien, quizás por tratarse del extranjero, donde con frecuencia se ha cuidado mejor a nuestros talentos que dentro del país. El caso es que en el último año y medio han dado 140 conciertos fuera de España, según Tony “es que rinde más hacerlo fuera que aquí, pero vamos, que aprendemos en un año allí lo que en cinco aquí, porque te encuentras con un respeto y un nivel que aquí es inexistente, son tan profesionales que te tratan como si fueras un grupo grande”.

Australia, Alemania, Suiza… por ahí están estos granaínos calentando corazones desde los escenarios y sintiéndose un grupo grande. Aún no se han dado cuenta, de que lo son.


miércoles, 2 de enero de 2008

piensa.

Los cortinajes brocados de color amarillo, el cuero de los sofás, amarillo, las paredes amarillas, la mesa amarilla, de olivo, con patas robustas, contorneadas y cuyos juegos de líneas, efecto del dibujo de la madera de olivo y que podían llegar a hipnotizar, resaltaban debajo de la mantelería amarilla.

Noté que aquella mirada de amargura o de hastío, aquel azul eléctrico que inundaba la estancia de color amarillo, ejercía un extraño magnetismo sobre ti.


Sí. No podía dejar de mirarla, a pesar de que no me gustara especialmente. Como si vapores manaran de aquella botella contaminándome de reflexión, inventaba lo que estaría pensando esa mujer, ensimismada, que clavaba sus ojos como dagas sobre mi, a pesar de que no me miraba.

De repente la escuché hablar, me contó cuales habían sido las circunstancias que le habían hecho verse así. Duras, tristes, locas, efímeras y profundas. Repasé con ella su historia, se jactó se sus virtudes y lamentó sus defectos, el mayor de ellos, sentirse sola y vacía cuando no lo estaba y sentirse acompañada, cuando en realidad estaba sola. La entendí.

La entendí tanto que me asustó.


La historia que oíste a la muda bebedora de absenta, ¿es la tuya?.