miércoles, 2 de enero de 2008

piensa.

Los cortinajes brocados de color amarillo, el cuero de los sofás, amarillo, las paredes amarillas, la mesa amarilla, de olivo, con patas robustas, contorneadas y cuyos juegos de líneas, efecto del dibujo de la madera de olivo y que podían llegar a hipnotizar, resaltaban debajo de la mantelería amarilla.

Noté que aquella mirada de amargura o de hastío, aquel azul eléctrico que inundaba la estancia de color amarillo, ejercía un extraño magnetismo sobre ti.


Sí. No podía dejar de mirarla, a pesar de que no me gustara especialmente. Como si vapores manaran de aquella botella contaminándome de reflexión, inventaba lo que estaría pensando esa mujer, ensimismada, que clavaba sus ojos como dagas sobre mi, a pesar de que no me miraba.

De repente la escuché hablar, me contó cuales habían sido las circunstancias que le habían hecho verse así. Duras, tristes, locas, efímeras y profundas. Repasé con ella su historia, se jactó se sus virtudes y lamentó sus defectos, el mayor de ellos, sentirse sola y vacía cuando no lo estaba y sentirse acompañada, cuando en realidad estaba sola. La entendí.

La entendí tanto que me asustó.


La historia que oíste a la muda bebedora de absenta, ¿es la tuya?.


1 comentario:

galo dijo...

esta obra de picasso siempre me ha emocionado. me molesta tener que decir "emocionado" claudicando a mi incapacidad de describirlo. parece estar recogida dentro de la copa. parece estar dibujada en el marco del espejo. parece ser la botella misma. parece fijarse en nada.